Por: Juan José Alva Valverde (Pepe)
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Leí una y otra vez, tratando de comprender cada oración, cada frase, ¿por qué, debido a qué?. Lucho, como le llamábamos en la escuela primaria 378 de Chiquián, ubicado en la casa de don Carlos Minaya, en el Jirón Comercio, frente a la casa de la familia Saldívar Alva, donde hoy funciona el hotel Inca de Dorita Saldívar Alva; aquel muchachito blancón de pómulos chaposos, de cabello castaño, el que llegó un día de 1965 procedente de Iquitos, junto a sus padres, de madre amazónica y de padre chiquiano, y el que después de un sorteo como un acto de compañerismo compartió carpeta conmigo en la segunda fila del aula, aquel que no gustaba jugar partidos de fulbito en la canchita cascajosa del que hoy es el "Estadio Deportivo de Chiquián", ubicado en la zona Noroeste de Umpay, y el que compartió carpeta, aula, y escuela, bajo la tutela y la mirada paternal, de nuestro querido maestro Juan Aldave Oyola, por el espacio de dos años, y partió como vino a Iquitos, desapareciendo para mí hasta este Octubre, cuando nos reencontramos en la fiesta de San Francisco, acá en Lima; ¿por qué escribía tan triste, tan profundamente triste?, ¿cómo fue su infancia?, ¿qué madre, y por que circunstancias trataría de abandonarlo?; ¿teniendo madre, puede sentir que no lo tenga?. Dice Lucho que al final será felíz porque sentirá por fin el abrazo de su madre de toda la vida, la Virgen María.
Cuando hablamos el 12 de octubre le pregunté por sus padres, porque los conocí, hacíamos las tareas unas veces en su casa otras en la mía; Lucho me dijo que estaban felizmente bien, “casi cochitos”, pero bien, significa que ambos están vivos.
"Tengo esposa, la adoro y ella me ama; tengo dos hijos ya están creciditos quizás en algún momento me hagan abuelo; he tratado de darles todo lo que he podido, están en la universidad y creo serán buenos profesionales, su mamá y yo nos hemos sacado la mugre para que no les falte lo elemental, no han sufrido privaciones como yo, le pido a Dios que me de vida y salud para verlos formados, realizados y sobre todo formen su familia para que vivan felices", me dijo y noté alegría y emoción, cuando hablaba de sus hijos, sentía orgullo de que los dos fueran estudiosos tratando de obtener una profesión para su realización; pero también lo noté algo introvertido, su mirada tenía un no se qué de tristeza; quizás el transcurrir del tiempo y las vivencias nos forma o nos transforma, pensé; cuando estudiamos la primaria, Lucho era un cascabel, alegre, risueño, le gustaba cantar y contar, me contaba de sus paseos por la inmensidad de la amazonía, de la casa de hierro ubicada en una esquina de la Plaza de Armas de Iquitos, que fue diseñado por el arquitecto francés Gustavo Eiffel. En los recreos le gustaba jugar al runrun, hacer bailar el trompo o al yoyo; cuando se despidió en ese tiempo, me regaló su yoyo. Le regalé en cambio 3 revistas del Llanero Solitario.
- Me alegra que tengas una esposa buena, que te merezca, además siempre has sido pintón, así que se habrán peleado por ser tu media naranja, me alegra también que tus hijos sean buenos, se dice, al árbol por el fruto se conoce, y tu siempre has sido buen árbol; en lo de tu salud, y edad, hermanito, estas casi delgado, y creo que somos de la misma edad, es decir estamos en la base 5, así que Dios mediante tenemos cuerda para rato.
- Dios te escuche Negro, ¿te siguen diciendo así?
- Los amigos de infancia me siguen diciendo así, los de mi juventud, me dicen Supay, por mi padre, y los conocidos me dicen Pepe.
- Bueno para mí siempre serás mi pata, el negro con el que estudié primaria en la escuelita 378. Me están buscando, son hijos de mi primo Fidel, te dejo mi teléfono acá en la programación de la festividad para que no se te pierda, a propósito ha estado muy bonita la fiesta, y lo mejor, me he encontrado con varios amigos de la infancia, nos vemos negro, cuídate.
Un abrazo fuerte selló nuestro reencuentro, un abrazo después de 43 años, toda una vida; guardé cuidadosamente la revista que en forma de programa oficial por la festividad de San Francisco habían repartido anticipadamente y también ese mismo día; porque en el programa estaba escrito el número telefónico de Lucho. Hoy al tratar de acomodar y archivar los papeles que en el ínterin de los días voy dejando en la mesita de noche, me di con la sorpresa de encontrar una hoja de papel doblada, la abrí y me estremecí de la emoción. Después de salir de mi asombro, de mi dilema, pero ¿qué hacer con tan triste, pero bella composición?, y con la aprobación telepática-espiritual de Lucho, lo hago estoy difundiendo.
Lucho, no sé si es oportuno y acertado, si escuchaste la misa que celebró ese día el Padre Jesús, y en un pasaje de la homilía habló de que todos llevamos una cruz, al menos a mí me consuela, si es cierto que todos tenemos derecho a ser felices, es relativo, hasta ahora, por circunstancias que nadie ha podido explicar matemáticamente, o con la claridad deseada, no sé por qué, no todos pueden serlo, vuelvo entonces a preguntar:
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¿Quién maneja los hilos del Destino?
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Tal vez, estimado hermano, encontremos la paz el día que sintamos el abrazo de nuestra madre de siempre, la Santísima Virgen María, cuando al final de nuestra jornada, al final de nuestro todo, digamos:
¡Madre he aquí a tu hijo, hijo he aquí a tu Madre!
Gratamente: Juan José Alva – (Pepe Alva)
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juanjosealva@hotmail.es
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Lima, 8 de noviembre de 2008.
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lunes, 16 de noviembre de 2009
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